Hay futbolistas especiales. Son aquellos que cambian el devenir de un partido con un solo toque, con un 'as' que se sacan de la manga. Y Mario Rosas es uno de ellos. Lo sabíamos pero hoy lo ha confirmado en Nueva Condomina, ante una afición que quiere ver todo lo que sabe que el malagueño tiene. Una genialidad del ‘23’, sumada a la gran definición de Kike, hizo justicia en el choque ante el Levante UD. El Real Murcia no merecía la derrota por castigo ni los visitantes la victoria como premio. Quien buscó más los tres puntos fue el cuadro dirigido por José González, pero no supo materializar en el resultado su superioridad en el juego, sobre todo en la primera mitad.
Como dijo Bruno esta semana, ahora los rivales respetan al Real Murcia. Cuanta razón tiene el jerezano. Desde comienzo de año hemos mejorado infinitamente como equipo y los oponentes se lo piensan dos veces. El Levante UD, que pelea por el ascenso, respetó mucho a los grana, los esperó y no tuvo voluntad de ir a por los tres puntos. En el partido, sobre todo en los primeros cuarenta y cinco minutos, el balón era local, Bruno y Mejía movían al equipo con soltura y se creaba peligro. En treinta minutos Natalio, en dos ocasiones, Chando y Sergio Escudero probaron fortuna pero el gol no llegó. Dos de esas oportunidades fueron claras, pero en una el disparo de Natalio pegó en Rodas y en otra el empalme de Chando se fue alto.
Elía fue un espectador en la primera parte, no intervino en exceso. Un chut lejano y un centro que se paseó sin encontrar rematador. El trabajo tras el descanso se redujo a la jugada del gol, donde Pallardó remató una falta lanzada por Rubén y en la cual pudo haber falta al portero. La jugada ya traía polémica de antes, pues los visitantes no devolvieron el balón a los grana, que había tirado el esférico fuera para que uno de los contrincantes fuera atendido. Vino la falta y el tanto.
Fue un golpe duro de asimilar. Si los de Luis García hubiesen estado más ambiciosos se podían haber llevado el partido y situarse más cerca del ascenso. Los resultados de la jornada les favorecían pero no fueron osados, todo lo contrario. Siguieron atrás, encerrados y buscando un contragolpe que nunca llegó. La entrada de Mario conectó de nuevo al Real Murcia. Movilidad a la pelota era lo que se necesitaba. El último pase faltaba y quien lo puso fue él. Uno a Pedro, cuyo disparo pegó en el cuerpo de Manu. Le costó darse la vuelta al alicantino, que de estar más rápido hubiese quedado en un mano a mano de cara a puerta. El segundo fue el del gol, un gran pase. Desde tres cuartos de campo Mario rompió la organizada defensa con un pase de lujo a la izquierda mientras todos esperábamos una apertura a la derecha. Engañó a todos y puso el balón a disposición de Kike, cuya definición fue perfecta.
La recta final fue movida. Faltaban cinco minutos y Nueva Condomina se vino arriba. Por sus jugadores y por las noticias que llegaban de Cádiz. La remontada gaditana al Albacete nos daba un punto de ventaja sobre los manchegos, que marcan el descenso. Pero el equipo quería más, buscó la victoria. Tras empatar, en la siguiente jugada, Sergio Escudero ejecutó un fuerte disparo que atajó el cancerbero granota. Poco después, de nuevo Manu evitó el gol del Real Murcia al detener un empalme en el segundo palo de Pedro.
Se salvó un punto. Lo importante, sobre todo anímicamente, era no caer de nuevo a los puestos de descenso. Se consiguió con entrega durante los noventa minutos. La fiel afición lo volvió a agradecer y despidió al equipo como se merecía, con una ovación.